La Educación emocional

La Educación emocional
Que las emociones juegan un papel primordial en la educación es indiscutible. Poco a poco los distintos profesionales que forman parte del sistema educativo van integrando la importancia de los sentimientos en el desarrollo integral del alumnado y la necesidad de promover la educación no solo desde un punto de vista académico, sino también desde el desarrollo de competencias sociales y emocionales, Elias et al (1997).
La educación emocional la podemos encontrar en la literatura como educación socio-emocional, educación en inteligencia emocional, educación afectiva, etc. Todos estos términos giran en torno a dos grandes ejes: el desarrollo emocional y el desarrollo social.
En relación a la inteligencia emocional se han desarrollado dos modelos teóricos:
- Modelo de habilidad, que se basa en las habilidades presentes en el procesamiento y el manejo de la información emocional a través de un funcionamiento jerárquico.
- Modelo de habilidad de Mayer y Salovey, 1997.
- Modelos mixtos, que integran habilidades de otras áreas: rasgos de personalidad, motivación, habilidades sociales, etc.
- Modelo de BarOn (2000).
- Modelo de Goleman (1998). Se basa en el aprendizaje emocional y social (SEL). Hace referencia al proceso por el que los jóvenes aprenden los conocimientos, las actitudes y las habilidades necesarias para llevar a cabo cinco tareas principales. (Collaborative for Academic, Social, an Emocional Learning, 2005). *1. Habilidades IE Goleman

*1. Habilidades IE Goleman
Si reflexionamos qué es educar y qué procesos e intercambios se producen en una situación educativa fácilmente llegamos a la conclusión de que se trata de un acto eminentemente social, en el que se ponen en marcha múltiples interacciones interpersonales. Estas interacciones requieren equilibrio emocional y aceptación positiva de cada uno de los componentes de las partes. En definitiva, para comprender este concepto es obligatorio entender que en educación es necesario una máxima y es que “El todo es más que la suma de las partes”, algo básico en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
En este proceso de interacción, la génesis del conflicto radica en ese intercambio entre iguales y docente. Renés y De León, 2009, nos dice que hay que entender ese conflicto, y su mediación, como una oportunidad para el desarrollo integral de las personas. Para este autor, la mediación se compone de tres elementos: arte, ciencia y creatividad.
Arte: Donde se estima la importancia de las habilidades socio-emocionales del mediador/a, necesaria para el buen entendimiento de las partes.
Ciencia: Porque la mediación sigue una serie de pasos, fases o técnicas.
Creatividad: Porque no existen “recetas mágicas” y las acciones educativas se deben adaptar a las situaciones concretas.
Según los estudios realizados, la educación emocional promueve el desarrollo emocional y la adaptación socio-escolar (Durlak, 2011). Existen otras líneas de investigación que estudian la relación del grado de Inteligencia emocional de niños/as y jóvenes en relación a diversas áreas, como la capacidad de ajuste y las interacciones emocionales (Fernández- berrocal, Extremera y Palomera, 2008).
No podemos obviar que la educación emocional ayuda a crear climas escolares positivos, climas de seguridad, necesarios para el desarrollo y la felicidad del alumnado (Seligman, 2005). Tomamos como referencia los datos aportados por Lyubomirsky, Diener y King (2005) que nos dicen que las emociones positivas favorecen el aprendizaje y la consecución de relaciones interpersonales significativas. Es decir, mediante un clima escolar positivo se produce un ajuste psicológico del alumnado, promoviendo un desarrollo saludable y un aprendizaje óptimo, disminuyendo así las conductas desadaptativas. Esto repercute en todo el grupo, especialmente en aquellos alumnos/as que presentan dificultades académicas, emocionales o comportamentales.
Por tanto, es necesario el uso de recursos, herramientas y programas que ayuden a la adquisición de habilidades socioemocionales que favorezcan el desarrollo íntegro del niño/a. Como ya se ha dicho, el conflicto forma parte de la interacción, pero mediante el aprendizaje y la práctica de los programas de educación emocional se desarrollen las habilidades para gestionar de forma eficiente estas situaciones.
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